sábado, 6 de octubre de 2007

El prólogo, de Manuel Pancorbo


Hay amigos y Amigos. Esa es una verdad ineludible. De la misma forma hay honores y Honores. Escribir un libro y que te lo prologue alguien importante y que sepa de esto como, por ejemplo, (y aquí es donde me quedo en blanco y sólo se me ocurren clarines, quevedos, homeros y otros imposibles por razones harto evidentes. Son las cosas del directo). Pues eso, que alguien importante te prologue tu libro es un honor, y siempre podrás decir que fulanito ha sido el que ha escrito el prologo, como si esas líneas dieran cierta credibilidad a todo lo que tú has escrito.

La credibilidad ya estaba ahí. O dejaba de estar, según proceda. Al final son los lectores los que deciden si el libro es bueno o malo, independientemente de si lo ha prologado Borges o el mismísimo Cervantes. Pero claro, no es la primera vez que escucho eso de "este libro tiene que ser bueno, porque el prólogo es de Dan Brown". Y claro, un tipo de éxito apadrina a un desconocido y la gente da una oportunidad al libro.
Por supuesto, a veces estos prólogos se hacen de forma desconsiderada y sentida (como el prólogo de Borges a una de las ediciones de Crónicas Marcianas de Ray Bradbury). Pero aseguro que, casi siempre, prologar no es más que una estrategia de marketing más.

Y de esta estrategia de marketing puedo decir que al menos en este libro me he librado. No es Manuel Pancorbo un escritor de éxito, ni un famoso torero, ni un actor de Broadway (aunque podría serlo si se depilara el pecho, jeje). Cuando se atrevió a escribir unas letras como introducción del libro, ni él mismo imaginaría que habría gente que llegaría a opinar que lo mejor del libro es el prólogo.

Y yo tan orgulloso: no habría prólogo magistral de no haberse escrito el libro.

Lo que casi nadie sabe es que este prólogo, de tan difícil comprensión, no es más que una sucesión de guiños personales entre nosotros, y dudo mucho que nadie sepa de qué van los tiros en el primer párrafo. ¿Por qué? Porque el primer párrafo es para mí. Y sólo Manolo, yo y aquel que nos pregunte sabrá el por qué de tanta palabrería extravagante y aparentemente sin sentido.

Simplemente, son las típicas tonterías entre amigos.
Y por ello, considero un Honor que mi amigo Manolo Pancorbo haya escrito el prólogo.

1 comentario:

Sara Serrano Amaro dijo...

ahora 1 persona se rie des su fobia!!!!!!!!!!!!!!!!! jajajaja