viernes, 3 de abril de 2015

DE "DIOSES Y CORDEROS": UNA CONVERSACIÓN TRIVIAL

"Una conversación trivial" es la sexta historia de "Dioses y corderos", y probablemente el hilo que une casi todos los trozos de tela que forman el libro.
Para mí es el mejor relato de los doce, aunque por experiencia sé que mis gustos no suelen coincidir con los de mis lectores.
La génesis de esta historia es bien curiosa. Me encontraba en la puerta de mi instituto, junto a mi amigo Manuel Barbero, viendo un camión con un potente brazo hidráulico. Me paré a reflexionar y le dije que por suerte en el mundo había ingenieros como él, porque si yo me quedara solo en el planeta, no tendría la menor idea de construir ni hacer funcionar una maquinaria como aquella.
Ahí se me encendió la bombillita, y de inmediato escribí esta historia en la que dos grandes pensadores discurren en una cafetería acerca de lo que ocurriría si en el mundo ocurriese una tragedia sin destrucción y desapareciese el 99,9% de la población.
Todo un planteamiento que da para una buena conversación trivial.
Os dejo un trocito, para abrir boca:

—¿Cuánta gente prescindible cree que hay en el mundo?
—Mucha —afirmó con contundencia el señor Ferro.
—¿Podría cuantificarlo? —insistió.
—No me atrevería sin pecar de extremista.
—Vamos, vamos —dijo, el señor Lafiernes—. Sería de una descortesía desmesurada por mi parte si me atreviera a juzgarlo por un cálculo que yo mismo le estoy incitando a realizar.

Esta historia fue galardonada con el 2º premio en el certamen internacional de relato corto Abades, en Córdoba. 
Espero, queridos lectores, que os guste tanto como a mí. Es de los pocos escritos míos que aún disfruto releyendo.
Y tened cuidado con vuestras palabras. Sobre todo, delante de quién las decís.

2 comentarios:

Francisco Miguel González Ternero dijo...

Como siempre, al igual que en las series de TV, dejando el episodio sin resolver y as´exista un gran interés para que se siga viendo el siguiente. Ya queda menos para su puesta de largo.

Manuel Amaro dijo...

Jajaja, me has pillado, Paco.
Si lo resolviera, ¿qué gracia tendría?